Después de un primer trimestre convulso y de incertidumbre en cuanto a migración y remesas familiares, el 2017 no ha sido un mal año para Guatemala y la región. De hecho, se contabilizan que a pesar de las supuestas restricciones que se impondrían, así como las políticas cuasi extremas al respecto por parte del gobierno estadounidense, se ha observado un aumento del rubro monetario que se envía todos los meses desde el país del norte. Dando muestra que sigue siendo el motor que mantiene en auge el comercio y la economía nacional.
Representantes de instituciones del tipo cooperativas, confirman tal hecho, al observar que en los primeros meses del año, se recibieron más remesas que de costumbre, en parte debido a cierto temor que existía por parte de los cerca de 2 millones de guatemaltecos que se encuentran actualmente laborando en Estados Unidos. La cifra se ha mantenido estable, y más aún al cumplirse casi 6 meses de mandato del nuevo presidente, Donald Trump, mismo que afortunadamente no ha implementado con ciertas medidas que prometió cuando se estaba en campaña. Una de ellas, la más temida, la deportación de cada persona inmigrante ilegal y el cese entonces del envió de divisas.

Gastos antes que inversión

Sin embargo, el problema surge cuando esas remesas, que se calculan en miles de millones de Quetzales, pocas veces son aprovechadas para invertir en temas como salud, educación e industria. Antes bien, se observa un fenómeno únicamente comercial, a no ser que se utilice para la construcción y mejora de viviendas e infraestructura similar. “La mayoría de personas prefiere consumir los productos que están de moda, antes que pensar en el futuro. «Así las remesas mueven la economía nacional, pero no generan un desarrollo integral en cada una de las familias” dijo uno de los entrevistados a cargo del departamento financiero.
Ante esto, se necesita de una estrategia de educación económica según algunos. De esta manera, se podría utilizar de mejor manera los recursos que se están enviando al país en forma de divisa, y aprovecharlos de mejor manera. Aspecto que repercutiría por ejemplo, en el hecho de que se utilicen los dólares enviados por ejemplo, para capital de trabajo en la creación de alguna empresa o mejora de algún comercio existente. Esto sucede, pero con muy poca frecuencia, y por ende, el país no se puede beneficiar del todo, al únicamente existir una cultura de consumo. Por no hablar de invertir el dinero en educación de calidad para los hijos u otros aspectos de similar relevancia.

Seguridad garantizada

Otro aspecto que preocupa a los entes reguladores del fenómeno de las remesas familiares y su incidencia en el desarrollo económico nacional, es la procedencia de dichas transferencias internacionales. No son pocos los casos donde el crimen organizado se ha valido de este punto para tratar de “blanquear” o más bien, legalizar sus ingresos utilizando la fachada de familiares en el extranjero que envían dinero constantemente al país. Obviamente en complicidad con personas particulares que se prestan para tales fines. En cuanto a esto, las empresas que reciben remesas, deben contar con un departamento que le brinden seguimiento a estos casos y evitar así, el flagelo del envío de dinero ilícito al país. No está de más, recordar que la ley considera como delito de asociación, recibir transferencias monetarias de este tipo y sanciona duramente a quien se preste para ello.
En conclusión, las remesas familiares siguen como punta de lanza en la economía nacional, impulsando el comercio y la capacidad adquisitiva del guatemalteco. Pero está claro, que solamente comprar y comprar no garantiza una mejora real del nivel de vida, pues restan importancia a aspectos igualmente imprescindibles como la educación, el ingreso per cápita y la salud. Aunado a una cultura de ahorro y previsión, ante cualquier eventualidad. Aspectos a tomar en cuenta, si recibimos mensualmente una remesa, o trabajamos igualmente en el país.
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