Recientemente, las precarias condiciones en las que se encuentra la seguridad de la niñez y adolescencia en Guatemala quedó más que evidenciada. Se demostraron las falencias por parte del Estado, pero igualmente las de una sociedad que crece en número pero no en oportunidades para los nuevo ciudadanos. Ante esto, representantes de distintos sectores conversaron con nosotros sobre las realidades a  las que se enfrenta el departamento en esta materia, y todavía más, qué resta por hacer ahora por parte de autoridades y de todos en general.
Cecilia Méndez, representante de la Procuraduría General de la Nación (PGN), mencionó en primer plano, las condiciones bajo las que el Estado de Guatemala recibe a niños y adolescentes en los diferentes hogares y centros de atención, acondicionados para ello. “Muchos llegan directamente debido a denuncias realizadas por terceros, mismas que se procesan, se evalúan y dictaminan, el futuro de los infantes. Llegan debido a denuncias de maltrato, abuso de diversa índole y también porque han perdido a ambos padres por alguna razón. Pero también, algunos son llevados por sus propios progenitores, ya que estos dicen no poder controlarlos ni corregirlos en casa. Ante esto tratamos de hacer conciencia a los padres de familia para que se hagan responsables de sus propios hijos y no deleguen esta labor a instituciones del Estado” dijo.

Irresponsabilidad familiar

Para la licenciada Brenda Muñoz, experta en temas de justicia, la situación problemática, parte de la irresponsabilidad familiar. “Los padres son los únicos responsables de sus hijos menores de edad, pero ahora, la situación se complica cuando ni ellos mismos saben qué hacer con ellos y delegan la responsabilidad a alguien más, aún sin decirlo directamente. Confunden la labor de instituciones del Estado que están allí, para cuidar a niños que han sufrido abusos y que por lo tanto no pueden permanecer en casa o con el agresor, con centros correccionales de conducta. Nada más lejos de la realidad”.
Lo anterior en vista de que en promedio mensual se reciben, según datos suministrados por la PGN, en promedio 100 denuncias de maltrato infantil de diversa índole en la auxiliatura con sede en Quetzaltenango. “Si agregamos a este dato, los hechos que no se denuncian, estamos ante una realidad que no se puede ignorar más, y que no basta con ahora lamentarse con lo ocurrido, si no se alcanza un verdadero cambio”. Las expertas coinciden en que la sociedad en general está girando hacia un espiral negativo en todo sentido, sin vuelta atrás, comenzando con la ruptura familiar que se evidencia con niños maltratados, sin hogar, con baja escolaridad y hasta con conducta por demás delictiva.

¿Qué resta por hacer?

Para ambas invitadas está claro que el momento de reflexión ya pasó y es el instante de entrar en acción al respecto.  “Los centros de atención para la niñez y adolescencia, deben ser reestructurados a todo nivel, en base a estándares adecuados para que los niños que lleguen sean atendidos de manera conveniente y que también, aquellos que hayan cometido algún ilícito se les brinde la ayuda necesaria”. Según Muñoz, “La situación debe cambiar a fuerza de compromiso por parte de padres de familia, educadores, profesionales y población en general, con ayuda del gobierno por supuesto, pero no podemos ni debemos esperar que este último haga todo”. Quetzaltenango crece exponencialmente todos los días, pero esa misma riqueza humana, se hace sin conciencia y sin conocimiento.
La sociedad guatemalteca está ahora al borde del abismo de una crisis social sin precedentes, si no se toman las medidas adecuadas. No desde las altas esferas con políticas descontextualizadas, sino desde ese mismo núcleo social del que salieron. Allí, en las aceras y calles, en los hogares y escuelas, en las empresas y lugares de trabajo, es allí donde debe existir el verdadero cambio, en base a responsabilidad y los derechos humanos fundamentales que se han ido olvidando hasta alienarnos casi, por completo. La niñez y adolescencia de Quetzaltenango y Guatemala lo necesita y lo espera. “Se necesita ahora, más que nunca, mejorar nuestra salud mental, humanizarnos de nuevo y accionar en base a una conciencia social sólida”.
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